miércoles, 20 de octubre de 2010

Sesión 16 de octubre. Fotografía y sociedad

James Joyce (Foto: G. Freund)
En esta ocasión revisamos algunas de las ideas que la fotógrafa y teórica de la fotografía Gisèle Freund publicó en La fotografía como documento social, cuyo título original es Photographie et société (Paris, Seuil, 1974). El trabajo conceptual de Freund es tan notable como sus imágenes: entre sus fotos más famosas están los retratos de Walter Benjamin, André Malraux, Jean-Paul Sartre, Evita Perón, Virginia Woolf, Iris Murdoch, Marguerite Yourcenar, Henri Matisse, James Joyce, Julio Cortazar y Frida Kahlo.

Uno de los usos sociales que adquirió la fotografía desde sus inicios fue el retrato. Antes de la creación del daguerrotipo, las pinturas servían a las clases sociales dirigentes como un medio de autorrepresentación. Esto es, se trataba de un acto simbólico, donde el príncipe o los miembros de la aristocracia dejaban en claro quiénes eran: por un lado, podían pagar la inmortalización de su rostro, pero, por otro, manifestaban en la imagen la grandeza de su posición. De ahí que las pinturas de reyes y nobles debieran ser de enormes dimensiones. Con el ascenso de otras fuerzas económicas y la decadencia del sistema de gobierno centrado en el monarca, fue necesario encontrar otras manera de también simbolizar a las nuevas clases. Surgieron así los retratos en miniatura: un culto a la personalidad que se podía permitir la incipiente burguesía. A finales del siglo XVIII hubo otros intentos de volver accesibles los retratos a los grupos emergentes: las llamadas siluetas (recortes de perfil en papel negro) y el fisionotrazo que  se basaba en el pantógrafo. Sin embargo, corresponde a la fotografía el sitio de honor en la autorrepresentación de los nuevos actores sociales.

La «democratización» del retrato se consolidó con la producción en serie que implementó Eugène Disdéri (1819-1889) al popularizar la carte-de-visite que ofrecía ocho o doce fotografías en pequeño formato (9x6 cm) en lugar de una sola en gran formato. De ese modo consiguió reducir el precio de venta (de 100 a 20 francos). Pero no sólo puso al alcance de las masas el retrato del cliente, sino también los retratos de los "famosos". Nacieron así las primeras "estrellas".

La reproducción masiva de imágenes hizo también posible contemplar una cantidad infinita de obras de arte. Adolphe Braun (1811-1877) realizó 500 mil clichés de pinturas, esculturas, grabados y frescos de numerosos museos europeos. La industrialización de las fotos dio pie a una nueva rama del saber, la historia del arte, al tiempo que resquebrajaba su —hasta ese momento— elitismo de corte religioso. Ahora todos podían tener una copia (aunque fuera una copia) de las obras que estaban asociadas con las clases pudientes.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Sesión 2 de octubre. Problemas de la imagen en general

En esta ocasión revisamos algunas dificultades que pueden plantearse respecto de la relación entre el sujeto cognoscente y el objeto denominado imagen (que es de factura humana). Por ello, discutimos la problematización que ofrece Bertrand Russell: si buscamos un conocimiento seguro, las impresiones sensibles satisfarían nuestra búsqueda. Sin embargo, un mismo objeto se presenta a mis sentidos de diferente manera: a la vista como rectangular, al tacto como liso, al olfato como de madera, etc. Ya la diversidad de impresiones bastaría para preguntarnos si existe una unidad de esas impresiones fuera de la mente donde confluyen. Pero los datos que llegan a los sentidos pueden también ser diversos respecto de un solo objeto: en este momento la mesa me parece blanca pero con otra luz me parece gris. Sabemos que es blanca. Esto significa que, a pesar de que a la vista nos llega un color «gris», interpretamos ese gris como siendo en realidad «blanco». Este sencillo experimento muestra el hiato entre los meros datos  los sentidos y lo que nosotros vemos. Por ello Russell propone distinguir entre los «datos de la sensación» (innegables pero siempre ya mediados por nuestra interpretación) y la «percepción» (la inevitable interpretación). El punto es entonces qué relación hay entre la percepción y el objeto percibido. No me interesa solucionar aquí este problema, sino dejar bien establecido que existe el problema, que lo que vemos no es la realidad desnuda, por así decirlo.

jueves, 7 de octubre de 2010

Lecturas del 16 de octubre

En esta sesión discutiremos las fotocopias de Gisèle Freund, Pierre Bourdieu y John Tagg. Adicionalmente, se puede revisar el capítulo sobre "Industria cultural" de la Dialéctica de la Ilustración de Horkheimer y Adorno, así como "Alto, medio, bajo" de Apocalípticos e integrados de Umberto Eco.