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| James Joyce (Foto: G. Freund) |
Uno de los usos sociales que adquirió la fotografía desde sus inicios fue el retrato. Antes de la creación del daguerrotipo, las pinturas servían a las clases sociales dirigentes como un medio de autorrepresentación. Esto es, se trataba de un acto simbólico, donde el príncipe o los miembros de la aristocracia dejaban en claro quiénes eran: por un lado, podían pagar la inmortalización de su rostro, pero, por otro, manifestaban en la imagen la grandeza de su posición. De ahí que las pinturas de reyes y nobles debieran ser de enormes dimensiones. Con el ascenso de otras fuerzas económicas y la decadencia del sistema de gobierno centrado en el monarca, fue necesario encontrar otras manera de también simbolizar a las nuevas clases. Surgieron así los retratos en miniatura: un culto a la personalidad que se podía permitir la incipiente burguesía. A finales del siglo XVIII hubo otros intentos de volver accesibles los retratos a los grupos emergentes: las llamadas siluetas (recortes de perfil en papel negro) y el fisionotrazo que se basaba en el pantógrafo. Sin embargo, corresponde a la fotografía el sitio de honor en la autorrepresentación de los nuevos actores sociales.
La «democratización» del retrato se consolidó con la producción en serie que implementó Eugène Disdéri (1819-1889) al popularizar la carte-de-visite que ofrecía ocho o doce fotografías en pequeño formato (9x6 cm) en lugar de una sola en gran formato. De ese modo consiguió reducir el precio de venta (de 100 a 20 francos). Pero no sólo puso al alcance de las masas el retrato del cliente, sino también los retratos de los "famosos". Nacieron así las primeras "estrellas".
La reproducción masiva de imágenes hizo también posible contemplar una cantidad infinita de obras de arte. Adolphe Braun (1811-1877) realizó 500 mil clichés de pinturas, esculturas, grabados y frescos de numerosos museos europeos. La industrialización de las fotos dio pie a una nueva rama del saber, la historia del arte, al tiempo que resquebrajaba su —hasta ese momento— elitismo de corte religioso. Ahora todos podían tener una copia (aunque fuera una copia) de las obras que estaban asociadas con las clases pudientes.

Saludos,
ResponderEliminarPara la clase del 23 no hay lecturas?
Edgardo